Pbro. Galdino Pérez JiménezEl próximo 29 de junio celebraremos dos grandes acontecimientos: la solemnidad de los santos mártires y apóstoles Pedro y Pablo y la clausura del año jubilar paulino. Pero ¿qué significa para la Iglesia de hoy celebrar el martirio de estos dos santos?
La Iglesia de los primeros siglos no fue diferente de la Iglesia del siglo XXI. Fue y sigue siendo una Iglesia golpeada por las ideas y el poder presente en los corazones duros de los hombres. Al poco tiempo de la Resurrección de Jesús comenzó para los cristianos una persecución sangrienta, cruel, devastadora. En este ambiente hostil para la fe cristiana les tocó vivir y dar testimonio a los gloriosos mártires Pedro y Pablo.
Pedro, como pescador, a menudo se enfrentaba con la furia del mar; después de la Resurrección y una vez que el EspÃritu Santo descendió sobre él y los otros apóstoles, se enfrentarÃa a la furia del enemigo infernal más fuerte que las olas más altas del mar. Por su parte, Pablo, hombre inteligente, educado a los pies de los mejores maestros de su época, es alcanzado por Cristo y derribado de su altura camino a Damasco y asà se convertirÃa también en instrumento valioso para Jesús.
Ambos, dice san AgustÃn, «dieron a conocer la verdad hasta morir por ella». Nada los detuvo. Ambos sufrieron cadenas, cárceles crueles e injustas; lapidados, torturados y un sinfÃn de atropellos a sus derechos humanos. ¿Qué autoridad dio la cara por ellos? La autoridad de los hombres brilló por su ausencia, al final sólo se fiaron a la autoridad divina que nunca se equivoca y que siempre da la cara por aquellos que luchan por la verdad y la justicia.
Movido por sus propias convicciones expresa Pablo: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rom 8, 31) Nada ni nadie podrá contra nosotros. Luego pregunta: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Las pruebas o la angustia, la persecución o el hambre, los peligros o la espada? (...) Pero no, en todo esto triunfaremos gracias al que nos amó» (Rom 8, 35. 37).
Por su parte, Pedro dice: «Queridos hermanos, no se extrañen de este fuego que prendió entre ustedes para ponerlos a prueba. No es algo insólito lo que sucede. Más bien alégrense de participar en los sufrimientos de Cristo (…) Si alguno sufre por ser cristiano, no se avergüence, sino dé gracias a Dios por llevar el nombre de cristiano» (1Pe 4, 12ss).
Volvamos a la pregunta inicial, ¿qué significa para la Iglesia de hoy celebrar el martirio de estos dos santos? Significa, ante todo, esperanza en que el poder de Dios triunfará sobre Satanás que se apodera de los hombres. Significa que asà como estos dos hombres alcanzaron la corona del cielo, después de sufrir el martirio a causa de la Verdad, los que corran la misma suerte alcanzarán también, con plena seguridad, la misma corona prometida. Significa no tener miedo a nada ni a nadie, porque Dios está con nosotros.
Cerrar el año jubilar paulino significa que Pablo nos ha fortalecido en la fe con su ejemplo de mártir y con sus enseñanzas, para seguir luchando por la verdad. AsÃ, pues, dice Pedro, «resistamos firmes en la fe», sabiendo que nuestros hermanos dispersos por todo el mundo enfrentan semejantes persecuciones como nuestra querida Iglesia de Xalapa.
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