Sandra Hazas Arróniz
Pasan los dÃas y no hemos tenido noticias del padre Rafael Muñiz, sacerdote de nuestra diócesis. Nos apena que esté pasando aún por la tristÃsima situación de ser acusado de un terrible delito.
 Muchas personas creemos en su inocencia, sobre todo ahora que nos damos cuenta de que las ProcuradurÃas de Justicia a veces se equivocan, y como muestra de ello están las últimas aclaraciones que se hicieron a los casos de secuestro y asesinato de los jóvenes Fernando Martà y Silvia Vargas. En el caso del joven MartÃ, por ejemplo, sucedió que la policÃa del D.F. tenÃa identificados a los presuntos asesinos, quienes integraban la banda de «La Flor», pero resultó que no eran ellos, sino los de otra banda, «Los Petriciolet», quienes perpetraron los hechos.
No somos expertos en el tema, pero preferirÃamos que la autoridad federal diera seguimiento al caso del padre Rafa Muñiz para sentirnos más seguros en la transparencia y en la justicia.
SerÃa importante, además, que la comunidad católica de Xalapa y de todo nuestro paÃs siguiera haciendo oración no sólo por el padre Muñiz, sino por todos los sacerdotes que han consagrado su vida al servicio de Dios y del pueblo. Se espera tanto de ellos que, cuando algún sacerdote tropieza en algo, recibe la condenación absoluta. Y quizá asà deba ser, pues han recibido mucha preparación en sus seminarios, han estudiado muy seriamente, con calidad y por muchos años los programas de FilosofÃa y TeologÃa. A veces salen al extranjero para hacer especializaciones y además tienen un acompañamiento espiritual y la libertad de consagrarse y abrazar los votos de obediencia, austeridad y castidad o bien, la libertad de no consagrarse aun en el último momento si tuvieran dudas de su vocación. Los sacerdotes consagrados tienen la asistencia del EspÃritu Santo que los fortalece y les da sabidurÃa. Defienden los valores y son unos verdaderos soldados de la fe que enfrentan estos difÃciles tiempos en donde lo que más falta es precisamente fe, esperanza, respeto, caridad, verdad y justicia.      Â
Si les damos la espalda a los sacerdotes, les ponemos zancadillas, nos dedicamos a buscarles qué defecto pudieran tener, se nos acaba el tiempo. Y los que le ganan la batalla al bien son otros.
Esperamos sinceramente que el caso del padre Muñiz tenga pronto una solución.
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