Juan Bosco ArellanoNadie duda que México —al igual que el resto del mundo— está pasando una gran crisis económica y que la única manera de superar una crisis de esta naturaleza es con dinero y más dinero. El sentido común nos dice que la estructura del Estado en nuestro paÃs existe por el dinero: generado por reservas naturales, como el petróleo o por los impuestos de los más de 100 millones de mexicanos.
El pasado miércoles en su mensaje a la nación con motivo de su Tercer Informe de Gobierno, el presidente Felipe Calderón Hinojosa fue claro al referirse a los grandes retos que tiene México: las dificultades económicas, la secuela de la influenza que aún no ha sido desterrada, la guerra sin cuartel contra el crimen organizado y el reto de sacar de la pobreza y marginación a más de 40 millones de mexicanos.
El mandatario nacional urgió a todos los actores del paÃs a una Reforma PolÃtica, pero su mensaje estaba dirigido fundamentalmente a los diputados del Congreso Federal porque será ahà donde se resuelvan los tres grandes problemas que agobian a nuestra nación: la contracción económica, la elevación de impuestos —incluyendo alimentos y medicinas— y la lucha contra la delincuencia organizada.
Para el periodista Froylán Flores Cancela, la propuesta del Ejecutivo es singular: «Calderón habló que próximamente iniciará una serie de entrevistas con todos los liderazgos polÃticos y sociales del paÃs. Con todos hablará sobre los conflictos que tienen atorada la nación. Calderón cuando finalizó su discurso dejó caer un proyecto que de arrancar habrá de producir comentarios y consecuencias de distinta factura. El Presidente manejó la idea de promover una nueva Reforma PolÃtica porque, señaló, la comunidad nacional está insatisfecha con los funcionarios elegidos o designados que no responden a las apremiantes demandas de una República que necesita de un nuevo orden si se quiere ser parte de la modernidad».
Y la modernidad, hay que insistirlo, necesita dinero. Las familias necesitan dinero para sobrevivir, los mexicanos quieren ver una democracia que se refleje en los bolsillos.
Frente a este escenario, los nuevos diputados federales tendrán que tomar decisiones razonadas: o escoger los intereses de sus partidos para presionar al Ejecutivo de la Nación o pensar en el paÃs. O poner más cargas fiscales a los ciudadanos o apuntar las baterÃas del ahorro hacia el gran aparato burocrático legislativo y gubernamental.
El ciudadano de la calle, desconfiado porque siempre ha tenido que pagar los platos rotos, cree que los Legisladores decidirán por más impuestos. Ojalá no sea asÃ. Lo evidente es que el dinero no puede salir de otro lado más que de los bolsillos de la gente que trabaja, produce y consume.
En su mensaje el presidente Calderón llamó a concretar reformas para resolver transformar al PpaÃs y acortar la brecha de desigualdad entre sus habitantes. Por ello, estableció una agenda de 10 puntos para impulsar a México, que van desde reducir el gasto burocrático y fortalecer el sistema educativo, hasta las reformas polÃticas, económicas y sociales.
Ojalá en diputados y gobernantes se abran los ojos de las necesidades de la mayorÃa de la población. El mundo no se ve igual desde un sueldo de 100 mil o doscientos mil mensuales a uno de mil, dos mil o cuatro mil. No es lo mismo en Jalapa, cenar en Samborn’s que en Samborcito.
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