José Ángel Torres RoblesCaritas in veritate es la primera encíclica social del papa Benedicto XVI. Escrito para conmemorar los cuarenta años de la encíclica Populorum Progressio de Paulo VI, este documento trata también temas de acuciosa actualidad.
Ya desde la introducción, Benedicto XVI insiste en la caridad como la virtud que está en la base de toda la Doctrina Social: «La caridad es la vía maestra de la Doctrina Social de la Iglesia» afirma y presenta dos conceptos estrechamente vinculados a ésta: justicia y bien común.
Desarrollo es otro tema recurrente a lo largo de su encíclica. El Papa nos muestra que sigue siendo necesaria una «humanización» del desarrollo, pues la dinámica global de nuestros tiempos le ha confinado a su acepción meramente monetaria. Al referirse al desarrollo, el Santo Padre quiere denotar el objetivo que tienen los pueblos de salir de la miseria, las enfermedades endémicas, el analfabetismo y el hambre, resaltando que es un imperativo ético para toda la Iglesia dar de comer a los hambrientos, mandato surgido desde el Evangelio y «comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad y de la verdad».
La ética económica es un concepto tratado con un nuevo enfoque, lo mismo que cooperación internacional y problemas energéticos. Benedicto XVI advierte que la ausencia en la práctica de un principio de igualdad en las relaciones entre los países ricos y pobres tiene consecuencias que no debe seguir ignorándose. Muy de la mano presenta los términos justicia conmutativa, distributiva y social.
Esta advertencia lleva a la consideración de la globalización en sus diferentes matices, como buscando alejarla del debate simplemente económico para profundizar en su reflexión integral; ejemplo de esto es la mención de la movilidad laboral, a la que considera un fenómeno en muchos aspectos positivo, ya que conlleva el intercambio entre culturas diferentes, lo cual no es malo en sí.
En la misma orientación reflexiva se conduce al referirse al crecimiento demográfico, a cuyo concepto están íntimamente ligados los de sexualidad y educación sexual, entendida aquélla no como un hecho «hedonista y lúdico», sino algo mucho más profundo que debe comprometerse con el respeto a la vida, tema cuya importancia no está a discusión. De hecho, en la actualidad es obligado ampliar los conceptos de pobreza y subdesarrollo a problemas vinculados con la acogida de la vida.
La encíclica ofrece también una gran luz sobre las cuestiones bioéticas, acerca de los límites entre lo posible y lo lícito respecto de lo científico y la tecnología. La negación del derecho a la libertad religiosa, aspecto que ha tomado en muchos casos tintes dramáticos, es abordada también a profundidad. En el Nº 79 expresa: «El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración…». Dispongámonos a conocer, profundizar y acoger esta nueva encíclica de Su Santidad Benedicto XVI.
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