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Inicio Fe y Política ¿Cartilla de salud o cartilla de sexualidad?
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¿Cartilla de salud o cartilla de sexualidad?

Pbro. René Cesa Cantón

La nueva cartilla que el gobierno federal pretende implementar y que es requisito para que niños y adolescentes puedan inscribirse en sus respectivas escuelas, más que una cartilla de salud es una cartilla de sexualidad que, sin lugar a dudas, constituye una aberración que ataca a las familias mexicanas.

Cuando una disposición de salud enmascara la intromisión del gobierno en la educación de los niños y de los jóvenes, existe algún fin inconfesable detrás de ella. Por dos razones: a) porque no dice toda la verdad y b) porque disfraza la intención de fondo, genuina con fines “buenos”. Esta actitud es típica del poder del engaño.

Con pretexto del bien común (las vacunas, la extensión de los servicios de salud, la generación de un ambiente de «preocupación» por el destrampe de los jóvenes), el gobierno se entromete en territorios que le están vedados. Uno de ellos es sagrado: el derecho (y la obligación) de los padres de familia de educar a sus hijos. Más aun, educarlos con rectitud en el ámbito de su vida sexual. Confundir a un niño de 10 años con un adolescente de 19 no es un errorcillo inocente. Hay «gato» encerrado en todo esto. Y ese «gato» salta inmediatamente a la vista: se trata de vender, de vender mucho: condones, pastillas del día siguiente, publicidad, películas, programas de televisión. ¡El Estado haciéndole el juego a la industria del sexo! La cartilla se convierte así en una herramienta de promoción adelantada de la actividad sexual de las niñas y los niños de México sin que se enteren sus papás. Si legalmente los niños de 10 a 16 años no tienen la capacidad de formar una familia, no son titulares de derechos laborales, ni tampoco se les puede vender cigarros ni bebidas alcohólicas, entonces ¿cómo se les empuja a tener relaciones sexuales a tan temprana edad. Otra pregunta: ¿La actividad sexual de quien no está preparado, ni es estable ni tiene por qué serlo, es un «derecho»? Ya se ha visto en varios países europeos a dónde conduce la política de la ampliación de los derechos: a la ruptura de los referentes generales de valor, a la desintegración y destrucción de la familia, al invierno demográfico, al suicidio y al sinsentido de la vida. No se trata de ser puritanos: se trata de ser inteligentes. Si la mayor fortaleza de una nación es la familia, ¿de cuando acá una política de salud es correcta si destruye a la familia o inserta en ella la desconfianza? ¿Quién en su sano juicio va a creer que son mejores los consejos del gobierno que los del papá o de la mamá, que realmente aman a sus hijos? Al gobierno no le interesa mucho la persona y el sentido de la vida. Da la impresión que para el gobierno los adolescentes son máquinas sexuales y hay que hacer «algo» para que esa maquinaria funcione, de acuerdo con los intereses de los que de verdad gobiernan: las trasnacionales. Si el Papa estorba, que nadie le haga caso al Papa. Si la Iglesia estorba, que nadie le haga caso a la Iglesia. Si la mamá o el papá estorban, tú tienes «derecho» de mandarlos a volar. Lo importante es tu placer. Y para eso estamos nosotros: para que nadie te estorbe.

Esperando una comunicación más completa y más acertada de nuestros pastores, sugiero, para ir formando conciencia, que los padres de familia que realmente se preocupan por la educación de sus hijos, se expresen ante las autoridades correspondientes, más o menos así:

«Por medio de la acción de cubrir estas hojas de cartilla, ejerzo el derecho primario que tengo de la patria potestad sobre mi hijo para educarlo íntegramente, incluyendo su vida sexual. La presente cartilla vulnera mi derecho al excluirme explícitamente de las decisiones que mi hijo tome sobre su actividad sexual, ya que legalmente se considera delito promover relaciones sexuales entre menores de edad.

Viola los artículos 2.2b y 5.1.b de la Convención Internacional de los Derechos de los  Niños, pretendiendo monitorear su vida sexual otorgándole libertades y autonomía para que practique el sexo, tan sólo recomendándole y ofertándole métodos anticonceptivos, el condón, la anticoncepción de emergencia, el aborto: todas estas conductas lo sitúan en riesgo de salud y descartan los valores inculcados en nuestra familia (Art. 4º. Constitucional y Código Civil Federal)».

 

 

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