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Acuérdate, polvo, que eres hombre

 Pbro. José Juan Sánchez Jácome
 
 La primera reacción ante esta frase puede ser de extrañamiento porque tenemos bien presente que cada año, cuando recibimos la ceniza al inicio de la Cuaresma, se nos dice más bien: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás» o «Arrepiéntete y cree en el Evangelio».


 Sin embargo, se trata de una expresión muy original que de hecho nos lleva a intuir uno de los principales aspectos de este tiempo litúrgico que iniciaremos en la Iglesia el próximo miércoles, al recibir la ceniza como un signo visible de nuestro deseo de cambio y superación personal.

 Esta expresión se la debemos a don Sergio Obeso Rivera, nuestro querido arzobispo emérito. Así se expresó el 13 de junio del año 2000, en la misa de ordenación episcopal de monseñor Hipólito Reyes Larios, primer obispo de la diócesis de Orizaba. En el transcurso de su homilía le recomendaba a nuestro actual arzobispo: «Cuando el miércoles de ceniza impongas ésta a tu pueblo, ya no acumules más ceniza sobre su cabeza, no le recuerdes que es polvo y que en polvo se ha de convertir, te sugiero que más bien le digas: ‘Acuérdate, polvo, que eres hombre’».

 Sin duda, tenía presente por lo menos dos aspectos que debemos considerar particularmente en este tiempo fuerte de encuentro con Dios. Por un lado, el entorno social y económico en que vive nuestro pueblo y que provoca muchas situaciones de pobreza e injusticia. Y por otra parte, las inmensas posibilidades del ser humano de remontar estas estructuras de pecado porque el hombre, que fue sacado del polvo de la tierra, también ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.

 Este planteamiento nos permite reconocer el lado amable y positivo de este tiempo litúrgico. La Cuaresma no es un tiempo triste o pesimista por el hecho de que comience exactamente cuando termina el carnaval, o porque esté asociado a prácticas penitenciales. La Cuaresma, más bien, es un tiempo que facilita el verdadero encuentro con Dios y con uno mismo, sobre todo para analizar hasta qué punto estamos utilizando nuestras capacidades humanas y espirituales para llevar una vida digna y para crear las condiciones necesarias para que en nuestra sociedad se pueda remontar las estructuras de injusticia y de pecado y todos los hombres puedan vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios.

 Por eso conviene que durante este tiempo contemplemos nuestra existencia a la luz del misterio pascual de Cristo para que nazca el deseo de estarse renovando continuamente en la vida, conscientes de nuestros defectos y de la tendencia al pecado.
 Al recibir el próximo Miércoles la Ceniza expresaremos, de manera exterior, que queremos de verdad un cambio sincero en nuestra vida y que tomamos en serio la invitación del Señor para convertirnos. Porque solamente por medio de la gracia de Dios, que se ha derramado a través de su Hijo Jesucristo, el ser humano podrá lograr la plenitud y la realización completa en su vida. Así caeremos en la cuenta que por el pecado somos polvo, pero por la gracia de Dios somos personas, somos sus hijos.

 

 

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