Pbro. José Benigno Zilli Manica
La remisión, o perdón de la excomunión de los cuatro obispos lefebvrianos consagrados en 1988 por el arzobispo Lefebvre, sin mandato de la Santa Sede, ha suscitado discusiones y enredos que no se podÃan prever.
El papa Benedicto XVI ha juzgado conveniente escribir una carta, fechada el 10 de marzo de 2009, a todos los obispos del mundo dando una explicación del asunto.
La cosa se complicó por el hecho de que uno de ellos, el obispo Williamson, es un negador del Holocausto; es decir, considera que no hay pruebas suficientes para afirmar que los nazis mataron a seis millones de judÃos. Un gesto discreto de misericordia hacia los cuatro obispos apareció de manera inesperada como algo totalmente diferente que implicarÃa la negación de la reconciliación entre cristianos y judÃos. El Papa se lamenta no haber conocido antes el problema: «de ello saco la lección de que, en el futuro, en la Santa Sede deberemos prestar más atención a Internet».
También el Papa reconoce con humildad otro hecho: «otro desacierto, del cual me lamento sinceramente, consiste en el hecho de que el alcance y los lÃmites de la iniciativa del 21 de enero de 2009 no se hayan ilustrado de modo suficientemente claro en el momento de su publicación». Y entonces Benedicto XVI explica que el perdón tiene la intención de invitar, una vez más, a los cuatro obispos cismáticos al retorno.
Por otro lado, el Papa aclara que la Fraternidad San PÃo X (lefebvrianos) no posee una posición canónica en la Iglesia y que esto se basa, al fin y al cabo, en razones doctrinales no disciplinares. La Fraternidad sudicha no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus obispos, aunque hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legÃtimamente el ministerio dentro de la Iglesia. Y todavÃa hay una tercera cosa que explica el Papa con gran humildad: «¿Era necesaria tal iniciativa? ¿ConstituÃa realmente una prioridad? ¿No hay cosas mucho más importantes?».
El Papa dice que su prioridad suprema y fundamental es la unidad de los creyentes porque su discordia pone en duda la credibilidad de su mensaje.
La carta es verdaderamente original. Se puede decir que nunca un papa habÃa dado explicaciones de su conducta y reconocido, de alguna manera, errores o desaciertos, pero reafirma que la Iglesia debe ser generosa y saber perdonar. Y dice con tristeza y citra en este contexto una fuerte expresión de la carta a los gálatas (Gál 5, 13-15): «Este ‘morder y devorar’ existe también hoy en la Iglesia como expresión de una libertad mal interpretada. ¿Sorprende acaso que tampoco nosotros seamos mejores que los Gálatas? Que ¿quizás estemos amenazados por las mismas tentaciones? ¿Que debamos aprender nuevamente el justo uso de la libertad? ¿Y que una y otra vez debamos aprender la prioridad suprema: el amor?».
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