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Sacerdote con fama de santo

Tomado del libro El muchacho de la Madre Paz

«Que venga el muchacho de la Madre Paz para que me acompañe al Mercado de la Merced, a traer los víveres para mi seminario…». De esa manera se dirigía San Rafael Guízar para llamar al entonces seminarista Juan Manuel  Martín del Campo, quien estudiaba en el Seminario de Veracruz, en la década de los años 30, cuando esta institución se hallaba en la clandestinidad, inmersa en la Ciudad de México, D. F., debido a la terrible persecución religiosa desatada en el Estado de Veracruz, por el entonces gobernador el Coronel Adalberto Tejeda.

 

Juan Manuel Martín del Campo, nació en Lagos de Moreno, Jal., (México), el 14 de Diciembre de 1917, miembro de una familia de siete hermanos, de los cuales le sobrevivieron una hermana y tres hermanos. Vio por primera vez la luz del día en la calle de Ramón Corona No. 36, donde vivía el matrimonio formado por Don Manuel Martín del Campo y Doña Ana María Martín del Campo, quienes para lograr su matrimonio religioso, tuvieron que pedir dispensa, por tener parentesco en cuarto grado de consanguinidad.

Don Manuel, trabajaba en la empresa de Ferrocarriles Nacionales de México como telegrafista y auditor, de carácter fuerte, enérgico con su familia y al mismo tiempo padre y esposo bondadoso, de quien sin duda el niño Juan  Manuel aprendió muchas virtudes que después adornaron su alma sacerdotal.

Doña Ana María, se caracterizaba por su forma de ser dulce y condescendiente, se dedicaba a los quehaceres del hogar, al mismo tiempo realizaba otras actividades que en ella eran como dones que Dios le había dado: era una excelente pintora al óleo, bordaba de una manera artística y fina, hizo en el año de 1943, un bordado finísimo de una fotografía del Papa Pío XII, y se la envió a Roma a su Santidad, como agradecimiento a Dios porque le había dado dos hijos sacerdotes.


 

 

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