Pbro. Alfredo Hernández Vázquez
Toda la Cuaresma nos prepara para la celebración de la Semana Santa, la «Semana Mayor», como la llama el pueblo cristiano. En esta semana conmemoramos los principales acontecimientos de la vida de Cristo, el Señor: su Pasión, Muerte y Resurrección.
Recordamos que la Cuaresma es el camino hacia la Pascua, paso de la muerte a la vida, para que siempre vivamos con esperanza. En la Semana Santa, las celebraciones están llenas de ritos y sÃmbolos. Estas celebraciones nos conducen a la conversión, es decir, a un encuentro con Dios y con nuestros hermanos.
El Domingo de Ramos, con la celebración de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, no podemos olvidar lo que pasará el Viernes Santo, cuando recordemos su Pasión y Muerte. Como es la vida de cada uno de nosotros, llena de alegrÃas y tristezas, de triunfos y fracasos, asà fue la vida de Jesús, con problemas y dificultades, con sus logros y momentos felices.
Vivir la Semana Santa nos exige acompañar a Jesús en su entrada a Jerusalén, participando de sus triunfos y alegrÃas, y también estar con Él en los largos momentos del Jueves al Viernes Santo, en los que la felicidad del Domingo se convierte en dolor y sufrimiento. Sólo viviendo con Jesús su Pasión y Muerte, podremos celebrar la Pascua.
La Pascua, o paso que da Jesús de la muerte a la vida, es la Pascua que estamos llamados a celebrar nosotros. Asà como el pueblo judÃo celebraba el paso del Mar Rojo, que para ellos significaba el paso de la esclavitud a la libertad, asà celebramos nuestra propia Pascua. Una Pascua que debe significar liberación de las cadenas que nos oprimen, rompimiento de los candados que nos atan y nos impiden servir mejor a nuestros semejantes.
La Semana Santa no es sólo tiempo de vacaciones sino de conmemorar los principales acontecimientos de nuestra fe cristiana.
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