Pbro. Luis Acosta Méndez
«Amad a esta Iglesia, permaneced en esta Iglesia, sed vosotros esta Iglesia»: san AgustÃn
La Iglesia viene sufriendo desde hace tiempo ataques y esto no es algo nuevo; de hecho, los vive desde el momento de su fundación. Y además asà lo advirtió el Señor. A raÃz de esos ataques nos pueden surgir las siguientes interrogantes: La Iglesia ¿es santa?, ¿en qué consiste la santidad de la Iglesia?
La Constitución Dogmática Lumen Gentium nos da una respuesta cuando nos dice que una vez que nuestro Señor Jesucristo consumó la obra que el Padre le habÃa encomendado, «fue enviado el EspÃritu Santo en el dÃa de Pentecostés, para que santificara a la Iglesia, y de esta forma los que creen en Cristo pudieran acercarse al Padre en un mismo EspÃritu (cf Ef 2,18)» (LG 4).
La santidad de la Iglesia, como se puede ver por el texto del Concilio que acabamos de referir, tiene su inicio en Jesucristo y se obra por medio del EspÃritu Santo. MarÃa, por designio divino, es la primera santa, la Inmaculada y figura de la santidad de la Iglesia. Esta santidad eclesial, el dÃa de Pentecostés, resplandece no sólo en MarÃa, sino también en los Apóstoles y en los discÃpulos que, juntamente con ella, «quedaron todos llenos del EspÃritu Santo» (Hch 2, 4). Desde entonces hasta el fin de los tiempos esta santidad, cuya plenitud es siempre Cristo, de quien recibimos toda gracia (cf Jn 1, 16) es concedida a todos los que, mediante la enseñanza de los apóstoles, se abren a la acción del EspÃritu Santo, como pedÃa el apóstol Pedro en el discurso de Pentecostés: «ConvertÃos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del EspÃritu Santo» (Hch 2, 38).
Asà pues, la santidad le viene a la Iglesia no por los miembros que la forman, sino por la presencia del EspÃritu Santo, que es quien la santifica. Siendo Cristo Jesús cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, necesariamente la Iglesia es revestida de la santidad de Cristo, su Dios y Señor.
El profesar nuestra fe en la Iglesia y decir que es «una, santa, católica y apostólica» nos exige a cada uno de los cristianos católicos vivir de acuerdo con los preceptos y enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo, dejarnos santificar por el Santo EspÃritu y alcanzar nuestra salvación. La Iglesia es santa.
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