Pbro. Gilberto Suárez RebolledoÂ
El propósito de Dios al revelarse como uno y tres no fue ofuscar nuestras mentes. Su propósito es llevarnos a compartir su propia vida, por nuestra vuelta al Padre a través del Hijo en la unidad del EspÃritu Santo. La Iglesia prosigue hoy la misión confiada a los apóstoles de predicar la palabra de Cristo y bautizar en nombre de la SantÃsima Trinidad.
Estas letras quieren sumarse a presentar el gran misterio de la SantÃsima Trinidad desde una perspectiva escriturÃstica llana, sin altas exégesis ni hermenéuticas; sólo quieren recorrer esta misma vida de Dios. Desde los mismos textos que este ciclo litúrgico nos presenta, ya que recorren del Antiguo al Nuevo Testamento.
El texto de Deuteronomio (4, 32-34. 39-40) es un texto culminante del Antiguo Testamento. La palabra que Dios dirige a su pueblo es que le ha escogido para ser suyo. La esencia del Antiguo Testamento es la elección divina del pueblo de Israel. Esta elección es absolutamente única. El pueblo estaba convencido de que no podÃa haber otro Dios o creador. Su experiencia del éxodo de Egipto y su alianza del Sinaà asà se lo demostraban. Dios tenÃa todo en sus anos. Es verdad que la tierra prometida, que tenÃan ante ellos, podÃa seducir al pueblo, pero el respeto y la obediencia a Dios (Padre) a lo estipulado en su alianza le conducirán a la prosperidad en la tierra que su Dios le habÃa prometido.
Cuando pasamos al Nuevo Testamento, uno de los textos emblemáticos que revelan a la SantÃsima Trinidad es el de Mateo 28, 16-20, cuando Jesús con su autoridad, envÃa a sus apóstoles a predicar su enseñanza. Existe una inclusión en este evangelio de San Mateo, esto es, asà como Jesús inicia su predicación en un monte; asà termina su evangelio: «al monte que Jesús les habÃa indicado» (verso 16). Como comenzó Jesús su predicación (cf Mt 5) sobre un monte, envÃa a sus discÃpulos a su misión desde otro monte. La acción de bautizar, haciendo referencia a la Trinidad, remarca el uso litúrgico establecido más tarde en la comunidad primitiva. El Bautismo vincula con la persona de Jesús salvador, esto significa que toda su obra de salvación procede del amor del Padre y culmina con la efusión del EspÃritu.
Ahora bien, el texto de Romanos 8,14-17, que nos habla de que somos hijos de Dios gracias al EspÃritu Santo, significa que el EspÃritu es el principio de una vida propiamente divina en Cristo. Esta nueva vida en el EspÃritu grita a todos los hombres y a lo más Ãntimo de nuestro ser que Dios es para nosotros el Padre.
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