Eos de Jesús SánchezAdquirido por el magnate mexicano Carlos Slim, este óleo hermosísimo es exhibido a partir del mes de febrero de este año como parte de su colección artística que describe seis siglos de arte mundial, en el museo que el millonario dedicara con su nombre a la memoria de su difunta esposa Soumaya Domit.
La evolución artística de Theotocupulos, nacido en la isla de Creta en 1541, transcurrió en cuatro sitios geográficos de influencia muy distinta. Hacia 1567, en Venecia, convivió con los grandes artistas que la convertirían en el centro mundial del arte en la segunda mitad del siglo XVI. En Roma, encontró en la obra tardía de Miguel Ángel un punto de partida que lo marcó para siempre. Comenzó a pintar figuras alargadas al modo manierista de Buonarroti y de Parmigianino; sin embargo, le diferencia una pincelada más violenta y de tonos más dramáticos. En Toledo, el arte amalgamado de El Greco floreció definitivamente. Sus colores explotan de viveza, sus carnes palidecen, verdean, se agrisan, se azulean, sus contrastes se acentúan. Poco a poco, sus figuras parecen volverse etéreas, envueltas en el misticismo y en los valores que la Contrarreforma, en su lucha contra el protestantismo, exaltaba.
Todo esto aparece plenamente en una de sus últimas obras maestras, el óleo llamado Las Lagrimas de san Pedro, realizado para el Hospital de Tavera como probable encargo de su rector, Don Pedro Salazar de Mendoza, canónigo penitenciario de la Catedral de Toledo. En la pieza, la figura del apóstol, reconocible claramente por las llaves que cuelgan de una de sus muñecas, aparece con los ojos bañados en lágrimas, vuelto hacia lo alto en señal de súplica y con las manos entrecruzadas en un gesto emotivo de oración. Su silueta se recorta contra una peña en la que brota una hiedra, símbolo de fidelidad y que recuerda las grutas y los ambientes de tantos santos penitentes como san Jerónimo y santa María Magdalena.
En el fondo, el Greco dibuja borrosamente una serie de figuras que han sido interpretadas de muy diversas maneras; algunos creen ver el sepulcro vacío de Cristo, un ángel y una figura femenina que podría ser la misma Magdalena: Todo ello, sin embargo, refuerza la idea central de la contrición del santo. La obra es, pues, una de las más representativas del arrepentimiento humano y del sacramento de la Penitencia, tan caros a la filosofía de la Contrarreforma y remite muda y vibrantemente a un retrato psicológico que no sólo atañe a Pedro sino a todo devoto católico.
Ficha técnica
Localización: Museo Soumaya, Ciudad de México.
Fecha de realización: 1605
Medidas102 x 85 cm
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