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Inicio Liturgia La Incredulidad de santo Tomás, de Il Guercino
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La Incredulidad de santo Tomás, de Il Guercino

Eos de Jesús Sánchez

Aunque padecía del defecto físico del estrabismo, razón por la cual recibió el apodo de Il Guercino, la obra de Francesco Barbieri es un claro ejemplo de que las limitaciones son sólo cuestiones subjetivas.

Nacido en Cento, un pueblito del norte de Italia, en 1591, Barbieri se desarrolló como artista plástico en Bolonia.

Allí oyó de la fama de Michelangello Merisi, que estaba llevando al arte a un nuevo punto de vista: el barroco. Como muchos otros pintores, su influencia fue determinante. Abrazó el estilo obscuro de Caravaggio y en él ejecutó sus primeras obras maestras; sin embargo, al llegar a Roma se sintió más atraído por el clasicismo que desarrollaban los hermanos Carraci, más solemne, menos trágico, más colorido e influido por la mitología griega. En este estilo transcurrió el resto de su vida, en la cual fue uno de los pintores más prolíficos y exitosos.

En cuanto a la historia que narra la obra, gira en torno al conocido episodio bíblico de la incredulidad del apóstol Tomás. Tras la muerte del Maestro, unos días después Jesús se presenta a los apóstoles. Por hallarse ausente, Tomás no es partícipe de esta visita. A su regreso, los otros le cuentan que el Señor ha estado con ellos y él afirma que sólo lo creería si lo comprobara personalmente. Unos días después, transcurre la escena tal como la vemos en el cuadro: estando de nuevo reunidos los apóstoles, Jesús en persona se presenta para devolver a la fe a Tomás.

La escena, tratada por muchos otros artistas, mantiene, sin embargo, cierta afinidad con la «incredulidad de santo Tomás» realizada por Caravaggio en 1601, cuadro que seguramente conoció il Guercino. Se diferencia de ésta, sin embargo, por un mayor sentido poético, una mayor potencia simbólica y una belleza dulzona que la han hecho la pieza más popular de cuantas tratan el tema.

Construida con una limitada gama de colores y con la mínima cantidad de elementos, todo en la obra, inclusive la mirada de los personajes añadidos, parece dirigir focalmente la atención sobre el dedo del apóstol que se introduce en la llaga. Sabiamente, el maestro ha jugado con las luces, un haz central baña de lleno el cuerpo del Maestro, lo alumbra excesivamente pero, merced a esto, adquiere un aspecto sobrenatural, el de su aparición ante el apóstol. La mirada tranquila y dulce de Jesús, su gesto de entrega que parece respirar y el rostro del apóstol que nos revela su faz conflictuada y sorprendida en una suave penumbra, reflejo de la palidez luminosa de Cristo, narran en suma para toda la Iglesia Católica la prueba definitiva del triunfo de Jesús sobre la muerte.


Ficha técnica
Localización: Museos Vaticanos.
Fecha de realización: 1608-1612.
Medidas: 120 x 143 cm.

 

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