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Inicio Liturgia Regina Angelorum, por Bouguereau
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Regina Angelorum, por Bouguereau

Eos de Jesús Sánchez

Con el triunfo de la Revolución Francesa en 1799, un nuevo estilo artístico vio el auge en Francia: el Neoclasicismo. Jacques Luis David, el jefe de la escuela neoclásica, pretendía volver a los cánones artísticos de la Roma y la Grecia clásicas y, sobre todo, revestir el imperio napoleónico de un aura de predestinación y heroicidad. La mayor parte de su obra -escenas históricas y cuadros mitológicos- muestran un realismo vívido en todos sus detalles. Dominique Ingres, alumno suyo, continuará la escuela neoclásica hasta convertirla en un academicismo absoluto, es decir un arte que sólo a través de un profundo y metódico estudio logra adquirirse. Hacia el final de sus días Ingres enfrentó una batalla estética con un nuevo estilo que se abría paso entre los artistas jóvenes: el romanticismo, liderado por Delacroix, el cual sobre todo exaltaba la pasión sobre el orden. Este escenario de lucha entre lo nuevo y lo antiguo con una Europa en los albores de la modernidad  es precisamente en el que vivió el último de los herederos del Neoclasicismo: William Adolphe Bouguereau.

Nació en La Rochelle, al oeste de Francia, en 1825. Tuvo que vencer la resistencia de su padre para que lo dejara estudiar pintura en París. Al fin, en 1846, llagó a la capital, al taller de uno de los últimos alumnos de Ingres, Francois Edouard Picot. Éste lo entrenó tan sólo dos meses, y en 1848 ingresó en la Ecole de Beaux Arts de París, en donde comenzó una carrera de éxitos notables. Una profunda dedicación le llevó a realizar una extensa obra de la que hoy nos resultan conocidísimas sus escenas de ángeles, cupidos y sus retratos de niños y jóvenes de la campiña francesa. Por ella mereció muchos premios en vida y llegó –exageradamente- a ser considerado el pintor más grande de todos los tiempos. Es, en cambio, sin duda, el más excelso de los retratistas de la belleza juvenil humana.

El surgimiento de la pintura moderna, que tachaba a todo lo académico de retrogrado, hizo caer muy pronto en el olvido la pintura francesa del siglo XIX. No fue sino hasta la década de 1970, cuando los cuadros de Bouguereau salieron de los sótanos de los museos.

En cuanto al tema, la advocación de la Virgen María como reina de los ángeles aparece en el siglo V. Muchos son los documentos pontificios que explican en qué consiste su naturaleza. Gabriele Roschini, en su Diccionario Mariano, explica profundamente la relación entre la Virgen y los ángeles. En pocas palabras, María al ser Madre de Cristo, cabeza de las huestes celestiales, es, por derecho, reina de esos ejércitos.

En su Regina Angelorum, pintada para el pabellón francés que se mostró en la Exposición Internacional de 1900 en París, Bouguereau aborda uno de sus temas predilectos: los ángeles. Formando una elipse vertical, 21 ángeles se agrupan, a la izquierda en ternas y a la derecha en parejas. Al centro, sobre un trono erigido sobre las nubes, la  Virgen María coronada por doce estrellas (de las que sólo se ven nueve), vestida del negro manto de su luto –rasgo que suele relacionar esta advocación con la Dolorosa- y con la mirada baja para reforzar este sentido, sostiene  en sus brazos al pequeño Jesús quien, colocado en la posición de la crucifixión, mira profundamente al espectador y le extiende su bendición.


Ficha técnica
Fecha de realización: 1900
Medidas: 285 x 185 cm.
Localización: Museo Petit Palais, Paris.

 

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