Por: Pbro. José Juan Sánchez Jácome
En la tradición bÃblica, el corazón es el centro Ãntimo de las decisiones, es la sede de los pensamientos y afectos. Con mucha frecuencia, se habla del corazón para señalar que de él sale todo lo bueno que hay en el hombre, asà como las cosas malas. Todo esto tiene su origen en el corazón.
Los profetas del Antiguo Testamento, de una manera particular, emplean esta terminologÃa para señalar cómo el pueblo de Dios ha estado inclinado al mal, que se sintetiza en dos grandes faltas: adorar a dioses falsos y cometer injusticias.
Sin embargo, ante esta situación que vive el pueblo de Israel, los profetas se proponen resaltar la manera tan Ãntima como Dios ama a su pueblo, al grado de pasar por alto todas estas faltas para poder purificarlo, para llenarlo con toda clase de bendiciones y para darle un nuevo corazón.
Este trasfondo bÃblico nos conecta con el tiempo de la Cuaresma, que iniciaremos el próximo miércoles al recibir la ceniza. Asà como lo hizo con el pueblo de Israel, el Señor también se propone, durante este tiempo, realizar esta operación de «trasplante de corazón».
En nuestro caso, también descubrimos una serie de inconsistencia en nuestra vida cristiana, lo cual hace necesario y urgente el cambio de corazón. Se podrÃa decir que nuestro pecado y nuestras injusticias hacen quedar mal a Dios, cuestionan su existencia en el contexto social que estamos viviendo.
Pero lo más sorprendente de esto es que Dios toma la iniciativa y muestra mucho interés en realizar esta operación. Lo quiere hacer no por nuestros méritos o porque hayamos cambiado de actitud, incluso, lo hace a pesar de nuestros pecados, para que se manifiesten su santidad y su misericordia.
La acción de Dios será una transformación interior total haciendo, incluso, la operación de arrancar el corazón de piedra y cambiarlo por un corazón de carne. De otra forma, será difÃcil entender su proyecto y su propuesta de amor y de justicia. Esta operación es necesaria para poder interiorizar los valores del Evangelio y, en consecuencia, instaurar el reino de Dios entre nosotros.
La tristeza, la desesperación, la desconfianza, el egoÃsmo, la ambición, la superficialidad, la soberbia, las injusticias que cometemos, la falta de solidaridad y el desprecio por los demás son sÃntomas de que necesitamos una auténtica transformación interior.
La cuaresma se presenta, pues, como esa temporada especial para curar precisamente estas enfermedades, para realizarnos un trasplante de corazón. El Señor nos ofrece un corazón de carne para sustituirlo por el corazón de piedra que ahora llevamos y que nos hace insensibles, duros, frÃos, indiferentes, exponiéndonos a la muerte espiritual.
AnÃmate a vivir la Cuaresma. Propicia un encuentro con el Señor, practica la oración, escucha con atención la Palabra de Dios, y entonces el Señor arrancará ese corazón de piedra que te aÃsla, te fatiga, te hace insensible, te hace indiferente y te dará un corazón de carne, un corazón humano que se abra a su amor y al reconocimiento de los demás. Un corazón que te haga sensible a las necesidades de los demás y que no te deje indiferente ante las injusticias.
Sólo Dios puede llevar a cabo esta transformación, este profundo cambio en nuestra vida, este trasplante de corazón.
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