Lila Ortega Trápaga
En el evangelio de san Marcos 1, 21-28, Jesús en el templo hablando con sabidurÃa, siendo que le conocÃan como un carpintero sin escuela. Tanta era su autoridad, que se preguntaban quién era, de dónde venÃa. En eso el diablo estaba en un señor, y le dijo que era el hijo de Dios. Jesús lo manda salir, y el señor queda libre del mal.
Parece pelÃcula de terror, pero es cierto que las tentaciones están ahà esperando vencerte: En la mañana, no quieres levantarte y tender tu cama, bañarte, por eso a veces contestas mal a tus papás, porque no quieres ir a la escuela, o cuando tu mami te preparó una comida que sabe ayudará a que estés sano, y le dices que no te gusta, o no estudias para un examen y en el momento te enojas porque tu amigo no te dejó copiar. Si reconoces a Jesús y escuchas su palabra, no permitirá que nada te dañe. Participa con atención la EucaristÃa, y cuando comulgues habiéndote confesado antes, pÃdele que actúe en ti.
En otro tema, hoy celebramos la vida consagrada. En la segunda lectura san Pablo lo explica muy bien, resolviendo la duda de algunos que dicen que la iglesia deberÃa permitir a los padres casarse: los solteros, hombres y mujeres, buscan agradar a Dios, mientras que los casados a sus esposos y esposas. Por ello se procura que se mantengan asÃ, sin la preocupación de una familia. Cierto que a veces hay sacerdotes y religiosas que equivocan su camino, pero no por unos cuantos todos estén mal. Lo mismo pensarÃamos cuando parece que escuchamos más divorcios que aniversarios de bodas, no por ello dejamos de creer en el matrimonio.
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