Lila Ortega Trápaga
Tantas veces hemos escuchado esa frase, de tus maestros, tus papás, tus hermanos, los mayores, en fin, que toda la gente que nos rodea cada vez que creemos que no nos va a salir algo bien, nos dicen: si quieres, puedes. Así le dice hoy un leproso a Jesús, que si Él quiere, puede. Y Jesús dice: “Sí quiero” y el enfermo se cura.
¡Imagínate si Jesús, como nosotros muchas veces hacemos, hubiera dicho: pero no quiero, o: luego, es que ahorita estoy ocupado! Así como Jesús, debemos poner todo nuestro esfuerzo en hacer las cosas, pero más aún, hacerlas bien y rápido. Porque cualquiera, bueno o malo, puede obedecer a su mamá o papá; pero no cualquiera lo hace sonriendo y deja satisfechos a todos, eso sólo un buen cristiano. Así que de ti depende ser como cualquiera o ser un digno hijo de Dios.
Y la otra parte del Evangelio: le pide Jesús que no lo cuente, que guarde silencio, y que haga lo que manda la ley hacer cuando alguien recibe un favor de Dios. Pero el recién curado, con tanta alegría de verse sano, lo cuenta a todo el mundo, y entonces Jesús ya no podía andar tranquilo. Eso pasa cuando una persona es muy buena, y hace mucho bien a los demás, todos le buscan.
Aparte, el que Jesús nos haga un milagro, también nos hace ver que siempre debemos cumplir con lo que la iglesia nos pide, y que además, la ley no se riñe con los mandamientos, por eso se debe buscar siempre, en ambas, defender la vida, amar a todos por igual, y procurar que a nadie le falte el pan en su mesa ni una cama dónde dormir.
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