Lila Ortega Trápaga
En la escuela te felicitan por ser el mejor, en casa tus papás no pelean y dicen que están muy orgullosos de que seas su hijo. A todos les gusta jugar contigo porque eres muy bueno. FÃjate: Nada de lo anterior se compra, sólo tú puedes lograr esa felicidad. A veces decimos: serÃa muy feliz si tuviera ese juguete, o si papá tuviera ese coche para llevarme a pasear. Por muchos años que viva una persona, es poco comparado con vivir eternamente feliz. Busca y enseña cómo ir al cielo, para cuando Dios quiera recompensarte, puedas con tu familia, ser eternamente felices, sin tristeza, hambre, llanto, soledad, pleitos.
Jesús nos ve buscando la felicidad donde no está. Por ello un dÃa habló a todas quienes le seguÃan sobre las bienaventuranzas, explicándoles que la felicidad no está en el tener, el dominar, el disfrutar... sino en amar y ser amado. Recuerda que la única y verdadera felicidad no está en la tierra sino en el cielo, en estar junto a Dios para siempre. Jesús dice hoy quiénes son los que deben sentirse bienaventurados, es decir afortunados y felices, porque van en el camino correcto al cielo.
No seas ambicioso, envidioso ni presumido, confÃa en Dios y no en el dinero. Puedes ser una persona que no tenga cosas materiales y estar pensando en lo que no tienes y quieres tener. En cambio puedes tener cosas pero estar dispuesto a agradar a Dios, en trabajar por El, en ayudar a otros, en dar tu tiempo y compartir.
Ensuciar tu corazón puede costarte muy caro. Confiésate seguido y piensa bien antes de hacer algo indebido. Busca siempre la paz: en tu trato con los demás (no pelearte con todos y por todo), en tu hogar (llevándote bien con tu familia).
Dios sabe que desgraciadamente hay mucha injusticia: culpan y encierran al que no hizo nada, no pagan lo que el otro merece, roban, agreden y hasta matan al inocente. Cristo te dice: alégrate, ya Dios será justo en premiarte en el cielo por lo que has pasado aquà en la tierra. Conocemos al padre Rafa Muñiz, que es bienaventurado en el sufrimiento de ser perseguido por causa de Cristo, siendo inocente.
Si alguna vez se burlan de ti porque eres bueno, porque respetas los mandamientos de Dios, porque rezas, porque hablas de Jesús, porque defiendes lo que Jesús nos enseñó ¡Alégrate, Dios tiene preparado para ti un gran premio en el cielo!
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