Lila Ortega Trápaga
Es una canción con la que jugamos a veces: con quién te vas, con melón o con sandÃa, ¿la conoces? Se trata de elegir atrás de quién nos ponemos para seguir en el juego.
En la vida es algo parecido: Jesús les pregunta a todos sus discÃpulos, a todos los bautizados, a todos los que dicen que le aman a Él y a su Padre, si también quieren irse, y muchos se van. Pero quienes en verdad le aman, le siguen y obedecen en todo. Y no porque sea obligación, sino porque bien lo dice Pedro: Las palabras de Jesús nos llevan a la vida eterna.
Asà a veces hay algunos que se van de la iglesia porque el padre les dice que para poder comulgar deben estar casados por la iglesia, que los esposos deben ser fieles a su esposa y ellas a ellos, asà como los padres deben ser fieles a su iglesia. Que los niños no deben decir mentiras, robar ni hacer trampa en la escuela, respetar a sus mayores y que los papás no deben lastimar a los pequeños. Que nadie falte a sus mandamientos.
Entonces mejor se van, y buscan otras iglesias donde no haya padres que les pidan vivir como Dios mandan, y creen que con sólo decir Dios me ama y me perdona ya no están obligados a casarse, ni a vivir con una sola familia en lugar de andar casándose y descasándose como si se cambiaran de calcetines, y los jóvenes se sienten libres de hacer lo que quieran porque total, Jesús ya murió y el cielo está abierto.
Amar a Jesús es creerle a Jesús: creer en su madre y honrarla con amor, creer en los diez mandamientos y obedecerlos, creer en los apóstoles que Jesús dejó para que le veamos a Él en el rostro de aquellos que siguen fielmente también sus mandamientos y aman a su iglesia porque fue fundada por Él. Creer en los sacramentos y morir de acuerdo a cada voto que vamos realizando.
Asà que cuando estés en misa y reces, o escuches la palabra de Dios, sabrás que para ganar este juego de la vida, debemos vivir como Jesús nos pide. Esa es la elección correcta, la que da la felicidad eterna.
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