Lila Ortega Trápaga
La historia de Jesús y Bartimeo me gusta leerla mucho. Porque este hombre sabía qué le hacía falta; algún adolescente me dirá: “obvio, si estaba ciego, quería ver” Pero no es así, hay hermanos ciegos que no le piden a Dios ver, le piden otras cosas que para ellos resultan más importantes, porque no tener vista no los limita.
Pero Bartimeo sí quería ver. Buscó en Dios la respuesta, y afuera de la iglesia alguien le dijo que Jesús curaba enfermos y pasaría por ahí. Así que se preparó y lo esperó. Fueron tal vez varios días, pero no dejó de confiar que sucedería algo que le ayudaría.
Cuando sabe que Jesús pasa cerca de él, se olvida de la pena y empieza a llamarlo. Algunos le dijeron que se callara, pero sabía que Jesús podía ayudarlo. Creía en Cristo. Sabía lo que quería. Se preparó, esperó la oportunidad y cuando por fin llegó, no se detuvo. Hasta que otros le dijeron: “¡Ánimo! El Maestro te llama”. Jesús le preguntó que quería y Bartimeo lo sabía muy bien: Quiero ver.
Desde pequeños debemos, con ayuda de nuestros mayores, saber lo que queremos. Lo que yo quiero es ir al cielo: Debo planearlo, buscar a Dios en su palabra, en los sacramentos, Le creo a Dios que me dice que si hago lo que Él me dice, y comparto lo que tengo con los que no tienen, voy a ir al cielo. Cuando Dios me llame a verlo, sé que no me defraudará y me ayudará a llegar al cielo.
A veces estamos tan ocupados peleando, viendo tele, pidiendo cosas tan pequeñas como un juguete, un dulce, que nos olvidamos de lo importante: el trabajo de papá o mamá, la salud de ellos, el amor entre nuestros papás, la felicidad que da vivir juntos sin tener que separarnos porque alguien de nuestra casa quiere irse lejos a trabajar.
Proponle a tu familia que hoy en la noche hagan oración y definan qué es lo que le piden a Jesús. Él no los defraudará.
También quiero otras cosas, pero ningún afán debe ser más fuerte que mi anhelo y mi búsqueda final por la gloria.
Mi empeño será que mis hijos sean un hombre y mujer de Dios.
Jesús, cuando pases por aquí, detente, porque yo te llamo.
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