Lila Ortega Trápaga
Hablemos de matrimonio y niños: El primero es asunto de los grandes, pero debemos entender que Dios fue bien claro al hablar de matrimonio: “Dios los hizo hombre y mujer”; sólo así concebimos a una pareja verdadera, cualquier otra cosa no es algo que se deba hacer, aunque la gente invente que sí. También dice que nadie puede separarlos, así, aunque el señor se vaya con otra o la señora invente dejarlo, y se divorcien por la ley, ante Dios siguen siendo uno solo y así les pedirá cuentas.
Pero casarse no es tan complicado como parece, aunque en tu familia o tus vecinos te hagan ver que el matrimonio es lo más difícil de mantener, la verdad es que cuando se forma una familia en el nombre de Dios, ya no viven solos, Cristo vive con ellos y bendice su unión cada día, así, mientras los dos estén dispuestos a seguir lo que Dios pide en su iglesia, vivirán felices a pesar de los problemas.
El segundo tema, los niños, son las palabras más hermosas que Jesús te puede dirigir: dejen que se acerquen, y se lo pide ahora a tus papás, a tus catequistas, a tu párroco: Dejen que vengan a Mí. No se los impidan, ayúdenlos a llegar a Mí, prepárenlos bien para que me reciban con honor en el Sacramento de la Eucaristía. Que no haya un niño en el mundo que no me conozca.
Que nadie te impida ir a Misa, que te enseñen a hablarle en el Sagrario y en este mes del Rosario, que te lleven a llevarle flores a la Virgen, a rezarle para decirle a Cristo que amas a su mamá. Invita a Jesús a tu casa también, dile que puede venir con su Mamá María, y reinar Dios en tu casa porque tu familia quiere ser feliz viviendo como Él manda.
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