Los riesgos del ocultismo para los jóvenes
Jorge F. Córdoba
Muchas personas pensaron que al iniciarse el siglo XXI, la sociedad, con sus vastos conocimientos científicos y sus avances tecnológicos, sería más racional y menos supersticiosa. Lamentablemente la realidad es otra. El ocultismo, con todas sus ramas y variantes de la Nueva Era, ha crecido de una manera exorbitante, y los principales involucrados son los jóvenes. Prueba de ello es el crecimiento y proliferación de las recientes tribus urbanas como los emos, góticos, punks, darkes, los maras salvatruchas, etcétera.
También hay que considerar dentro del mundo del ocultismo que una gran cantidad de grupos de rock pesado, utilizan lo que se llama Backward Masking (mensajes al revés). Es decir, mensajes de invocación al Diablo que son claramente audibles cuando se hace girar un disco a la inversa.
Muchos ignoran que dentro del ambiente ocultista, los tatuajes y piercings, que usan los artistas de rock están prohibidos por Dios en la Biblia. «No se hagan cortes en su cuerpo por los muertos; no lleven inscripciones o tatuajes en su cuerpo: ¡yo soy Yahvé!» (Lev 19, 28).
A la juventud le atrae lo desconocido y misterioso. Busca satisfacer su curiosidad a través de películas de terror impregnadas de esoterismo, magia, brujería y hechicería, de literatura tendenciosa, de videojuegos y la realización de pactos satánicos directamente por la Internet.
El ocultismo no es un juego ni un pasatiempo. Desde el Antiguo Testamento está tajantemente prohibido por Dios. «Que no se halle a nadie que se dedique a supersticiones o consulte los espíritus; que no se halle ningún adivino o quien pregunte a los muertos. Porque Yahvé aborrece a los que se dedican a todo esto, y los expulsa delante de ti a causa de estas abominaciones» (Dt 18, 11-12).
Quien participe de alguna práctica oculta, ya sea la consulta de horóscopos, el juego de la ouija, el culto a la «santa» muerte, la adivinación por medio del tarot, el chamanismo, etcétera, tendrá que pagar un precio muy alto, pues Satanás «como león rugiente busca a quien devorar» (1 Pd 5, 8).
He sido testigo de esta cruda realidad cuando auxilio al exorcista padre Álvaro Fernández. La mayoría de los casos de obsesión y opresión que hemos tratado es de señoritas y chicos que acuden a nosotros solicitando una ayuda desesperada. Lo que empezó con una curiosidad o un juego termina en un drama que repercute con dolor y sufrimiento en sus familias.
En el próximo artículo compartiré con ustedes algunas acciones preventivas que ayudarán a los padres de familia y a sus hijos a no involucrarse en ninguna práctica de ocultismo. «Así no se aprovechará Satanás de nosotros. Pues conocemos muy bien sus propósitos» (2 Cor 2, 11).
Centro de Formación Teológica y Pastoral
«San Miguel Arcángel»
Arquidiócesis de Xalapa
