Sandra Hazas Arróniz
Termina el ciclo escolar 2008-2009 en todas las escuelas de nuestro paÃs. Es momento de entregar los resultados del aprovechamiento académico obtenido a lo largo del año, de ponderar también todas las cosas buenas aprendidas en el aula -los hábitos de puntualidad, limpieza, estudio, lectura- y de apreciar las actitudes positivas y los valores que los maestros trataron de fomentar en sus estudiantes como el respeto, la responsabilidad, la honestidad, la autodisciplina, el trabajo en equipo.
Los niños y jóvenes se sienten felices ante la cercanÃa de las vacaciones, pues gozarán de un descanso, después de los deberes que tuvieron que cumplir: tareas, levantarse temprano, ordenar su material, estudiar. Pero, sin lugar a dudas, son mayores los compromisos de los profesores para con sus estudiantes, pues no sólo deben enseñarles un conocimiento, sino además ocuparse de su formación humana integral, promoviendo en ellos el desarrollo de los valores ya mencionados.
Los compromisos de los maestros no terminan en el aula con sus alumnos, ya que deben rendir cuentas a los directivos de sus instituciones educativas, a la SecretarÃa de Educación, a los supervisores, a los padres de familia, a la sociedad en general. Se nos ocurre que también al Señor habrÃa que darle resultados de lo que se hizo por los niños con los que se tuvo oportunidad de trabajar a lo largo de un año.
En fin, no hay más que decir «gracias» a todos los maestros que cumplieron con su tarea de enseñar y que además lo hicieron utilizando recursos didácticos adecuados con una buena dosis de paciencia, cortesÃa y afecto. No hay maestros perfectos y todos pudieron haber tenido un error en el camino, pero hay que verlos a los ojos y acercarse a su corazón. No es fácil su trabajo cuando lo desempeñan con verdadera vocación. Pueden haberse confundido en algo, pero no son los enemigos a vencer. No son los enemigos a vencer. Están en el mismo equipo junto a los padres de familia, para ayudar a los niños y jóvenes. Gracias maestros, por no dejar solos a los papás en la misión más importante de sus vidas: la educación de los hijos.
