La fe en Cristo es para transformarnos no para acomodarnos
La escena del pasaje de Emaús, (Lucas 24, 13-35), es una de las más encantadoras páginas del Evangelio de San Lucas porque narra el encuentro más fascinante de Cristo resucitado con dos de sus discípulos, que representan a todo bautizado que desea ser escuchado por Dios y ser transformado en un verdadero ciudadano comprometido con sus circunstancias sociales.
El referido texto evangélico es uno de los momentos más vivos de toda la experiencia cristiana porque revela que, en el caminar desilusionado de la vida, el resucitado siempre está presente para que todo mexicano y veracruzano pueda conversar con él sobre el sentido de la vida, las injusticias estructurales de la sociedad, la pobreza social, la corrupción institucional, la violencia destructora en México, la inseguridad en muchas partes de la nación mexicana, la emigración de muchos ciudadanos por falta de oportunidades y el significado de la muerte y de la vida eterna.
El texto evangélico referido es una verdadera invitación libre, para que cada bautizado y ciudadano abra su interior a la palabra divina y al encuentro con Cristo resucitado hasta convertirse en verdaderos agentes de cambio social y no permanecer como espectadores indiferentes ante las problemáticas y proyectos de desarrollo integral de todos los ámbitos de la sociedad mexicana y veracruzana.
Dios respeta la libertad humana, aunque no nos abandona a nuestra degeneración ni permanezca indiferente ante el mal que diseminamos. Pero es necesario, por tanto, una llamada a nuestra conciencia para que no se deje capturar por la espiral de odio y mentira, para que esté siempre en guardia contra ese virus que, en dosis quizás mínimas todavía, acecha incluso a quien tiene una fe profunda arraigada en Jesucristo.
Pbro. Juan Beristain de los Santos