Arquidiócesis de Xalapa

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De la cruz a la gloria

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La solemnidad de la Ascensión del Señor no indica la ausencia de Jesús en su comunidad, sino su glorificación. Las imágenes bíblicas de “subir al cielo” y “sentarse a la derecha del Padre” no refieren un viaje físico, sino la victoria definitiva de Cristo resucitado.

En términos del Antiguo Testamento, la ascensión era la entronización del rey, la manifestación pública de su autoridad y de su gloria. Por eso, al proclamar que Jesús ha sido elevado al cielo y se ha sentado a la derecha del Padre, la Iglesia confiesa que Cristo participa plenamente de la vida y del poder de Dios.

Pero esta glorificación no debe separarse de la pasión de Cristo. La cruz y gloria forman una única realidad. Jesús había anunciado que sería “elevado” sobre la tierra para atraer a todos hacia sí. La cruz, que parecía fracaso y derrota, se convierte así en el comienzo de la exaltación del Hijo. La Pascua entera (pasión, muerte, resurrección, ascensión, envío del Espíritu Santo y misión de la Iglesia) es un único movimiento de amor por el que Cristo pasa de este mundo al Padre y abre para nosotros el camino de la vida.

La Ascensión habla de Cristo y de nuestro destino. En Jesús glorificado contemplamos lo que Dios quiere realizar en cada uno de nosotros. El Señor no abandona la tierra, sino que lleva nuestra carne hasta el corazón mismo de Dios.

La Ascensión nos recuerda que el mal y la muerte presentes en México y Veracruz no tienen la última palabra. Cristo vive glorioso y continúa atrayendo hacia sí a quienes confían en él. Mientras caminamos en esta sociedad del siglo XXI estamos llamados a ser testigos de esa esperanza, anunciando con nuestro trabajo e interés social que el cielo ya se abrió para cada uno de nosotros.

Pbro. Juan Beristain de los Santos