Arquidiócesis de Xalapa

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La paz social nace de la persona reconciliada y libre de violencia

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El Evangelista San Mateo (22, 1-14) nos cuenta otra espléndida parábola de Jesús que tiene como fondo un banquete nupcial solemne. Es el banquete de la salvación y del amor ofrecido por Cristo y las reacciones opuestas que provoca.

Los primeros invitados, los privilegiados, responden con indiferencia, con fastidio y hasta con hostilidad y desprecio. Uno se va a su campo, otro a su negocio, otros matan a los mensajeros. Esa fue la reacción que Jesús experimentó entre sus oyentes. La invitación les resultó una petición excesiva, porque habían puesto sus intereses por encima del Reino de Dios y de su justicia.

Hoy nos pasa igual. Trabajar juntos, sin excluir a nadie, por la justicia y la paz social, también nos resulta excesivo. Muchos bautizados y ciudadanos mexicanos creemos que no se puede hacer mucho, o dejamos este trabajo en manos de unos pocos.

Pero he aquí lo inesperado de Dios: Él no suspende el banquete de la justicia y la paz. El ofrecimiento no se apaga, más aún, resuena con más fuerza. El Rey dice a sus siervos: "Vayan a los cruces de los caminos e inviten a todos, buenos y malos".

Llega así al banquete un mundo de pobres, de marginados y de excluidos de los banquetes oficiales. La invitación hoy resuena para todos, pues la violencia e inseguridad continúan en México. La construcción de la justicia y la paz social en México es un trabajo de todos y para todos.

No basta estar dispuestos a trabajar juntos para la paz y la justicia. Hay que dejar que la paz y la justicia habiten dentro de cada bautizado y de cada ciudadano, para dar lo mejor de uno mismo en la convivencia diaria y en los espacios más sencillos. Solo desde ese interior transformado surgirá la fuerza y la convicción para construir juntos una sociedad justa y pacífica.

Que María, Reina de la Paz, nos enseñe a vestir el traje de fiesta: un corazón reconciliado y libre de violencia.