Arquidiócesis de Xalapa

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La identidad y la vocación del catequista

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José Antonio Serena González

Después de haber analizado profundamente la identidad de la catequesis, como se debe de llevar a cabo y los pasos propuestos para una catequesis integral, ha llegado el momento de tocar un punto que a todos nos atañe pues de alguna manera todos estamos llamados a la catequesis. De enseñar al que no sabe y sobre todo de hacerlo parte activa de la comunidad.

En este tercer capítulo reflexionaremos sobre la identidad y la vocación del catequista.

Para comenzar tenemos que tener en claro que todos somos parte del cuerpo místico de Cristo, es decir, así como las partes del cuerpo tienen una función determinada. En función del Bautismo y de la confirmación, los cristianos nos incorporamos a Cristo, algunos con el oficio del Sacerdocio se convierten en testigos del anuncio del Evangelio, con la palabra y con el ejemplo; pero algunos también pueden ser llamados a cooperar con el Obispo y los sacerdotes en el ejercicio del ministerio de la Palabra. En el conjunto de los ministerios y de los servicios, con los cuales la Iglesia lleva a cabo su misión evangelizadora, el «ministerio de la catequesis» ocupa un lugar relevante e indispensable para el crecimiento de la fe. Este ministerio introduce a la fe y, junto con el ministerio litúrgico, engendra a los hijos de Dios dentro de la Iglesia. Por lo tanto, la vocación específica del catequista tiene su raíz en la vocación común del pueblo de Dios, llamado a servir al plan salvífico de Dios en favor de la humanidad.

En virtud de la fe y de la unción bautismal, en colaboración con el Magisterio de Cristo y como servidor de la acción del Espíritu Santo, el catequista es:

Testigo de la fe y custodio de la memoria de Dios; al experimentar la bondad y la verdad del Evangelio en su encuentro con la persona de Jesús, el catequista guarda, nutre y da testimonio de la nueva vida que se deriva de Él y se convierte en un signo para los demás.

Maestro que introduce al misterio de Dios, revelado en la Pascua de Cristo; como icono de Jesús maestro, el catequista tiene la doble tarea de transmitir el contenido de la fe y conducir al misterio de la fe misma. El catequista está llamado a comunicar la verdad sobre el hombre y sobre su vocación.

Acompañante y educador de los que le confió la Iglesia; el catequista es experto en el arte del acompañamiento, tiene habilidades educativas, sabe escuchar y entrar en las dinámicas de la maduración humana, se hace compañero de viaje con paciencia y con sentido de gradualidad, con docilidad a la acción del Espíritu, en un proceso de formación, ayuda a los hermanos a madurar en la vida cristiana y a caminar hacia Dios.