Beato Miguel Agustín Pro
Lila Ortega Trápaga
Celebramos su vida el 23 de noviembre.
Mexicanos piadosos y valientes murieron por defender su fe, por los años 20s, pues el país estuvo gobernado por hombres anticatólicos que quisieron exterminar la religión. Entre los numerosos mártires, había sacerdotes, religiosas, seminaristas y laicos de todas las edades y condiciones.
Miguel Agustín Pro nació en Zacatecas el 13 de enero de 1891, en una familia acomodada. Trabajador y estudioso, de buen humor y cariñoso, su mamá le invitó a un retiro donde salió Miguel decidido a ser sacerdote jesuita. El 11 de agosto de 1911 entró al seminario de El Llano, Michoacán. En ese tiempo comenzó la persecución religiosa, pues el gobierno prohibió la celebración de la Santa Misa. Muchos fueron encarcelados, torturados y expulsados del país. Miguel junto con otros seminaristas, fueron evacuados, viajó y fue ordenado sacerdote en España el 31 de agosto de 1925.
Al regresar a México, encontró cristianos resistiendo los abusos del gobierno; pues el presidente Calles decidió gobernar con mano de hierro, por lo que el padre Pro organizó "Estaciones de Comunión", casas donde los fieles recibían al Señor en la Eucaristía a escondidas. Celebró Misas por toda la ciudad al alba. De todas las clases económicas en cuartos pequeños adoraban y recibían a Cristo Eucaristía. También confesaba a quienes llegaban antes, haciendo vida una Iglesia de catacumbas, como los primeros cristianos.
El presidente Calles y la policía trataban de acabar con estas organizaciones secretas, arrestaban a los católicos practicantes y en especial a sus líderes, los torturaban y mataban. El movimiento con el P. Pro lidereando y el lema: "Viva Cristo Rey" luchó cerca de año y medio en medio de escondites, incertidumbres, luchas, miedo, fe, valentía, dolor,. El presidente lo mandó arrestar, acusándolo de haber sido responsable de complot y acciones revolucionarias contra el gobierno, siendo todo falso.
Al final, para evitar que mataran a varios presos, el Padre Pro se entregó a la policía, lo encarcelaron y le dieron sentencia de muerte. El 23 de noviembre de 1927, camino a su fusilamiento uno de los agentes le preguntó si le perdonaba. El Padre le respondió: «No solo te perdono, sino que te estoy sumamente agradecido».Como último deseo el Padre Pro pidió «Quiero que me dejen unos momentos para rezar y encomendarme al Señor». Se arrodilló y dijo: «Señor, Tú sabes que soy inocente. Perdono de corazón a mis enemigos.»
Antes de recibir la descarga, el P. Pro oró por sus verdugos: «Dios tenga compasión de ustedes»; y, también los bendijo. Extendió los brazos en cruz, con el Rosario en una mano y el Crucifijo en la otra. «¡Viva Cristo Rey!». Esas fueron sus últimas palabras antes de recibir el tiro de gracia.
«Venerable Padre Pro, que supiste vivir tu vocación en las más difíciles circunstancias, ayúdanos con tu intercesión a ser católicos valientes y no ceder ante la tentaciones de este mundo. Que nuestra vida, como la tuya, de mucho fruto para gloria de Dios y el bien de las almas.Amén.»