La importancia de creer
María Gabriela Hernández Cuevas
Cuando somos niños las ilusiones están a flor de piel, la capacidad de asombro no tiene límites y se vive una fe sin muchos cuestionamientos. Por alguna razón, mientras crecemos, se van perdiendo estas actitudes, dando lugar a las dudas, la costumbre y la desilusión. ¿Y si intentáramos cambiar eso?
Como jóvenes y adultos podemos convertirnos en custodios de la fe de los niños, custodios de su capacidad de creer en lugar de ser quienes les arrebatamos esta esperanzadora forma de ver el mundo. Que importante es que los padres de familia fortalezcan la fe de los niños para hacerlos generosos. Un claro ejemplo es el día de Reyes, ¡cuántas emociones hay en un niño en esa noche! Y no sólo por recibir regalos, sino que nace en ellos el deseo de cambiar, de ser mejores hijos, de compartir y comprometerse con quienes menos tienen.
La ilusión de los niños por los Reyes Magos nos enseña a tener la confianza plena en que nuestra oración es escuchada por Dios, a tener la certeza de que Él nos dará sólo cosas buenas. Nos recuerda que tenemos a un Padre amoroso y bueno, y nos anima a portarnos bien, a ser conscientes que lo que el Señor nos pide es vivir en gracia.
Hoy podemos aprender de los más pequeños la capacidad para asombrarnos, para dar pasos de fe y ser motivo de alegría e ilusión para los necesitados. Hoy podemos comprometernos a fomentar en los niños el entusiasmo, para que crezcan como jóvenes capaces de darse a Dios y de maravillarse con todo lo que les rodea. Así, nuestra sociedad será menos indiferente y ensimismada en el egoísmo. Tal vez esta capacidad de los niños por ver la bondad en todo y la confianza de que se puede hacer un mundo mejor, nos enseñe a no mirar con indiferencia la pobreza, los asaltos, la violencia y la soledad de otros.
Qué importante es creer y nunca perder la verdadera fe, que importante es hacerse como niños.