Los padres, primeros formadores en la fe
Sandra B. Lindo Simonín
La familia es un ámbito o medio privilegiado de crecimiento en la fe. La comunidad cristiana familiar es “lugar” de catequesis. La familia como “lugar” de catequesis tiene un carácter único: transmite el Evangelio arraigando en el entorno de profundos valores humanos. Sobre esta base humana es más honda la iniciación en la vida cristiana: el despertar al sentido de Dios, los primeros pasos en la oración, la educación de la conciencia moral y la formación en el sentido cristiano del amor humano.
Los hijos perciben y viven gozosamente la cercanía de Dios y de Jesús que los padres manifestamos, de nosotros depende que a ellos les dure toda la vida nuestra experiencia cristiana.
Los padres testificamos y transmitimos a la vez los valores humanos y religiosos. Debemos enseñar a orar a nuestros hijos porque la oración en la vivencia religiosa hace a Dios cercano, presente como alguien que vive y está cerca, que escucha, que atiende, que ayuda, que no es indiferente, a la conducta de las personas. Todo esto se convierte en una catequesis natural que hace resonar el misterio de Dios en los acontecimientos de cada día.
No basta con enviarlos al catecismo si lo que allí aprenden después no lo viven en su casa. Como padres de familia tenemos la responsabilidad de enseñar a los hijos la fe que a nosotros, en un momento dado, nos fue enseñada. Además existen libros y videos que ayudan a complementar esta instrucción en la fe.
Por parte de nosotros los padres hay dos elementos imprescindibles que debemos tomar muy en cuenta: el ejemplo y la oración. Los padres somos figuras de referencia, autoridad, ejemplo de vida de fe y conducta moral. De esta manera los hijos siempre tendrán una pauta segura, que nace del mismo testimonio.
Lo recordaba así Benedicto XVI en Valencia el año 2006: “La familia cristiana transmite la fe cuando los padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con ellos; cuando los acercan a los sacramentos y los van introduciendo en la vida de la Iglesia; cuando todos se reúnen para leer la Biblia, iluminando la vida familiar a la luz de la fe y alabando a Dios como Padre.
Podemos concluir que los padres y la familia siempre son insustituibles en esa catequesis cotidiana, testimonial, llena de valores humanos y religiosos, para poder realizar esa ineludible misión de educar a los hijos en la fe.