Arquidiócesis de Xalapa

Inicio  ›  Noticias

La Participación Social

Compartir

Manuel Liaño Carrera 

En una sociedad donde el relativismo engaña y el individualismo nos confunde, la “apatía cívica” por los temas “comunes” es una consecuencia recurrente para un sector de la sociedad. Los efectos de la inadmisible “indiferencia” se agravan cuando enfrentamos permanentes embates en contra de la vida, la familia, la verdad, nuestros jóvenes, la seguridad, democracia, economía, empleo y un largo etcétera.

En pocos momentos de la historia en México se ha vuelto tan imperante dejar a un lado el desinterés por los problemas sociales y animarnos a una Participación Social inteligente y fructífera para el Bien Común.

Para los católicos, la participación cívica es una obligación moral, por ello es muy importante fundamentarla en la Doctrina Social de la Iglesia. Como sabemos, los principios de la Doctrina Social son Dignidad de la persona humana, Bien Común, Subsidiariedad, Participación Social, Solidaridad entre otros. Todos los principios están relacionados unos con otros. La Participación en la vida social es consecuencia de la Subsidiariedad.

De acuerdo a la DSI, la Participación Social “se expresa esencialmente en una serie de actividades mediante las cuales el ciudadano, como individuo o asociado a otros, directamente o por medio de los propios representantes, contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece. La participación es un deber que todos han de cumplir conscientemente, en modo responsable y con vistas al bien común.

La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia.”

Queda claro que la Participación Social es una responsabilidad que permanece vigente en todo momento y en cualquier circunstancia. Su definición nos invita a reflexionar en que cada sociedad tiene sus luchas, dependiendo de los tiempos que le toca vivir. Por ejemplo, hoy nos damos cuenta que no es suficiente la democracia electoral, por la que muchas personas dieron la vida para que se respeten los votos o para que votara la mujer. HOY nos damos cuenta de que, para el correcto funcionamiento del estado, si requerimos de la democracia electoral, pero también es indispensable la democracia participativa, la cual implica no solamente votar, sino involucrarse en los problemas sociales, informarse y exigir a las autoridades el cumplimiento de la ley y sus promesas de campaña.