Arquidiócesis de Xalapa

Inicio  ›  Noticias

Un milagro que integra, dignifica y humaniza

Compartir

Pbro. Francisco Suárez González 

Hoy en día, en nuestra sociedad se han multiplicado las formas de discriminación: emigrantes que son vistos no sólo como forasteros sino como verdaderos delincuentes; los enfermos, los indígenas, las víctimas de la droga, las mujeres, los que son de otra organización, los que no tienen trabajo, los que piensan diferente a nosotros, los que son de otros partidos, etc. Por desgracia las fronteras territoriales, de partidos o de pensamiento, vienen a destruir y a cuestionar la fraternidad humana. Y, después, también se dan los casos de los ciudadanos que están clasificados como en especie de categorías, y hay quien no alcanza ya a entrar en ninguna categoría, no es considerado ciudadano y no se le reconoce ningún derecho. Tenemos un miedo terrible al que es diferente y nos ponemos, de entrada, en una actitud defensiva frente a ellos, pero con frecuencia también se pasa a una actitud agresiva.

La misión de Jesús es una misión de dignificación, de humanización, de curación. La escena del leproso nos sirve para hacer visible esta espiritualidad de Jesús que rompe barreras y prejuicios. La lepra en Israel era una enfermedad que acababa con todas los distintivos de la persona. La enfermedad en sí misma ya trae pena y dolor. Además el leproso era excluido del pueblo para que no contaminara a la comunidad y se le prohibía la relación con los demás. La soledad, el rechazo y el oprobio, al ser marcado como amenaza para la vida del pueblo, acentuaba su sufrimiento. Era considerado como un muerto, impuro, contaminado, y se formaba una barrera entre él y la comunidad. Para colmo, él mismo tenía que ir proclamando su impureza y su separación. Tocar a un leproso implicaba quedar impuro uno mismo y separarse de la comunidad. Igual que en nuestra sociedad, con muchos nuevos leprosos, se prefería tenerlos aislados y en el olvido. Nos escandalizan estas actitudes de aquel tiempo y tenemos actitudes muy parecidas o peores.

¿Qué hace Jesús? Rompe todo este proceso discriminativo y humillante, su mano rompe barreras. La mano extendida de Jesús que toca, que cura y que rompe barreras, es para nosotros un signo que nos llama a reflexionar y a comprometernos. Por una parte no teme entrar en contacto con cada uno de nosotros, con la miseria humana que vamos cargando. Esto nos alienta para acercarnos a Él a pesar de nuestro pecado e indignidad. Él nunca nos rechaza, Él siempre quiere sanarnos. Pero por otra parte, nos lanza también a nosotros a romper todas las barreras que hemos ido construyendo; que nos acerquemos a los leprosos de hoy que Él “quiere” seguir tocando, bendiciendo, curando y devolviendo la dignidad. Necesitamos quitar las barreras de nuestra mente y de nuestro corazón para abrirnos y hacernos sensibles y misericordiosos como Jesús.