Arquidiócesis de Xalapa

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Reconciliación con Dios en tiempos de pandemia

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Francisco Ontiveros Gutiérrez 

Hoy es tiempo de regresar a Dios

El Santo Padre Francisco ha señalado, en su homilía de la pasada celebración del miércoles de ceniza, que estamos en la oportunidad perfecta para regresar a Dios. Así como lo retrata perfectamente la imagen del hijo pródigo que decide emprender su camino con tal de volver donde su Padre. En este sentido, la cuaresma es la oportunidad de emprender el éxodo con dirección de la libertad. Es dejar, por fin, la esclavitud que nos lastima para emprender una ruta que tiene como destino la libertad. Andar por las sendas de la liberalidad es la inquietud más grande que cobijamos todos los seres humanos.

Reconciliación con Dios a través de la caridad

El evangelio que siempre marca la pauta para la celebración de la cuaresma (Mt 6,1-6.16-18) comienza invitándonos a la caridad. Una forma de vivir en la perfecta armonía con Dios es por medio de la relación con nuestros hermanos. Que es la primera relación que nos invita a mejorar la celebración de este itinerario que tiene como meta la celebración de la Pascua. Así pues, a través del amor y de la generosidad con los demás, nosotros podemos reconciliarnos con Dios saliendo de nuestros apegos que nos esclavizan, o nuestros egoísmos que nos asfixian. La generosidad en secreto, de cara a Dios nos lleva al camino de la reconciliación.

Reconciliación con Dios a través de la oración

Nuestra vida no se basa únicamente en nuestras fuerzas; nos justifica nuestra relación con Dios, puesto que en Él nos reconocemos necesitados de su misericordia y su perdón. Así pues, la cuaresma nos llama a renovar nuestra relación con Dios desde la intimidad y en lo profundo, sin máscaras ni poses, sin desear que los demás nos miren y reconozcan nuestros gestos de piedad. Podemos reconciliarnos con Dios por medio de una relación íntima, honesta, discreta, pero sólida y vivificante.

Reconciliación con Dios a través de la fiesta

Sorprende que, cuando el evangelio habla del ayuno nos invita a vivirlo con actitud de fiesta: con la cara limpia y la cabeza perfumada, sin descuidar la apariencia del rostro con tal que nadie note que estamos ayunando. El ayuno es una práctica que nos invita a renovar nuestra relación con nosotros mismos, privándonos de lo superficial y llenándonos solo de lo necesario. De nuevo, en la discreción de una profunda relación con Dios, sin buscar las comprensiones lastimeras de los otros.

Cuaresma es reconciliación con Dios por medio del espíritu de arrepentimiento y por medio de un verdadero espíritu de enmienda. La invitación al resguardo al que nos ha llevado la pandemia nos llama a vivir la reconciliación con Dios por medio de la caridad con el prójimo, de la oración profunda, sincera y verdadera y por medio del ayuno con actitud de fiesta.