Carta a las amadas familias de la Arquidiócesis de Xalapa
Al cumplirse cuatro meses de mi llegada a la arquidiócesis de Xalapa quisiera confirmarles mi cariño y gratitud por todo el amor y las atenciones que me han dispensado, lo cual ha hecho posible que viva de manera afectiva y efectiva mi relación esponsal y pastoral con esta hermosa lglesia de Xalapa.
Agradezco al Señor por la ilusión, la fuerza y la salud que me concede para abrazar la vida de los grupos, movimientos, comunidades y parroquias que he estado visitando de norte a sur, de este a oeste, de la montaña a la costa, con el propósito de convivir con ustedes, escucharlos, celebrar juntos nuestra fe y confirmarlos como discípulos de Jesús. La celebración del X Encuentro mundial de las familias, que se llevará a cabo en Roma del 22 al 26 de junio próximo, me permiten entrar al recinto sagrado de sus hogares y parroquias -a través de esta misiva-, para animarlos en el camino de la santidad
que este Encuentro mundial presenta a nuestras familias.
Siguiendo el ejemplo del Santo Padre, los pastores de la Iglesia queremos estar cada vez más cerca de las familias y los fieles, compartiendo sus dolores y esperanzas, sus preocupaciones y alegrías ante el momento delicado que viven nuestras familias por la descomposición social, la pobreza, la crisis económica y la imposición ideológica que afectan seriamente la vida de los niños y de los jóvenes.
Dios es testigo del amor y la entrega que ponemos en lo que nos toca realizar, especialmente en la construcción de la cultura de la vida y de fraternidad delante de estos tiempos turbulentos que nos lastiman a todos. Sabemos que no reparamos en desgaste físico, espiritual y emocional, pero como decía Madre Teresa de Calcuta: «A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota».
Así nos Ilegamos a sentir frente al tamaño del desafío, frente a la violencia generalizada, la imposición de la cultura de género, el ambiente de polarización social y la colonización cultural que están vaciando no sólo de espiritualidad sino también de racionalidad la vida del mundo de hoy.
La labor es ingente por lo que a primera vista no siempre vemos el resultado de nuestros esfuerzos. Quizá esa es la impresión que va quedando cuando apenas vislumbramos lo que debemos hacer. Sin embargo, en la medida que damos el primer paso y nos comprometemos, nos vamos llenando de confianza al reconocer que esta obra la Ileva el Señor y Él nos seguirá indicando el camino.
Basados en esta convicción tenemos que vivir el camino de santidad en medio de estas situaciones conflictivas. No podemos esperar que se compongan las cosas, que haya mejores condiciones o que vengan tiempos mejores para que nos animemos a vivir la santidad. La santidad no se vive al margen de esta realidad difícil que muchas veces nos toca enfrentar.
Tenemos que confiar en el poder de la gracia que no descansa, sino que se mantiene activa a lo largo de toda la vida. Los problemas y desencuentros que se suelen dar en las familias no deben ocultar la santidad, sino que deben ser la ocasión para que llegue a manifestarse. Cada dificultad es ocasión para que, por la gracia de Cristo, conciban una solución y se abran a una vida nueva.
No podemos escandalizarnos, decepcionarnos y desistir del amor cuando se presentan los momentos difíciles, sino confiar en el poder de la gracia recibida para solucionar, perdonar, reconciliar y llegarse a configurar con Cristo.
La vida familiar con sus luces y sombras, con sus logros y contratiempos, ha de ser el contenido real de esa santidad a la que estamos llamados. Invoquemos, por lo tanto, al Sagrado Corazón de Jesús para que custodie el amor de nuestras familias y en medio de las crisis nos impulse en este camino de santidad.
Los invito, por eso, a seguir las reflexiones de este Encuentro mundial de las familias y a participar en las actividades que de manera simultánea se llevarán a cabo en las parroquias de nuestra arquidiócesis, conforme a la propuesta que dio a conocer la Pastoral Familiar diocesana.
Deseo de todo corazón que podamos percibir, como dice el Papa Francisco, que: “La santidad es el nombre de nuestra misión, es el Ilamado a amarnos en la radicalidad y totalidad del amor de Cristo a su Iglesia”.
Al invitarlos a acoger esta reflexión y a participar en este Encuentro mundial, refrendo las palabras que les dirigí en mi primer mensaje como arzobispo de Xalapa: “Yo no podría no aspirar a la santidad. Eso sería traicionar a la Iglesia y a mis predecesores, especialmente a San Rafael Guízar Valencia. Esto aplica también a los laicos, religiosas y sacerdotes de Xalapa”.
“Con María, todos discípulos y misioneros de Jesucristo”
Xalapa de la Inmaculada., 19 de junio de 2022
+ Mons. Jorge Carlos Patrón Wong
Arzobispo de Xalapa