Asamblea anual de obediencia de la Adoración Nocturna
En punto de las 7 de la noche, dio inicio la Santa Eucaristía presidida por el arzobispo de Xalapa, Mons. Jorge Carlos Patrón Wong y concelebrada por el P. Uriel Rosado, el P. José Antonio Neblina y el P. Alejandro Jiménez, quien recibió el distintivo y los estatutos de la Adoración Nocturna Mexicana.
Después de proclamar el Evangelio de San Lucas (18, 9-14), Mons. Jorge Carlos señaló en su homilía, cómo Jesús con esta parábola presenta dos características para que realicemos en nuestra vida la oración y para que no caigamos en las tentaciones que cayó el fariseo.
“Ser humilde en la oración. Primero significa no creer superiores a los demás. El fariseo se creía superior a todos. Tengamos mucho cuidado de no sentirnos superior a nadie. Los grandes santos siempre reconocen que todo, absolutamente todo, viene de Dios. Por eso son humildes. Porque cuando uno no se siente superior, comienza a relacionarse con los demás, como un amigo. En una familia de adoradores debe reinar esta relación donde nadie es superior a nadie, todos nos necesitamos, porque ante Dios todos somos discípulos de Jesús y tenemos una vocación de servicio, de amor. Todos somos iguales frente a Dios y nadie es superior a nadie.
Segundo, que el fariseo se siente autosuficiente. Muchas veces así nos sentimos que “yo todo lo logro, todo lo puedo”, como si fuéramos supermanes, supermujeres, superniños y superniñas”. Ante esta situación, el arzobispo de Xalapa compartió una oración al Sagrado Corazón de Jesús que es muy sencilla, en donde vemos cómo la humildad nos hace sentirnos necesitados de Dios: “Sagrado Corazón de Jesús, te entrego mis debilidades. Yo soy débil, siempre he sido débil, pero soy fuerte por tu gracia, por tu amor, porque siempre estás conmigo. Gracias por tu poder, por tu presencia y tu amor que me acompañan”. Es algo precioso que el Buen Pastor te lleve y sea quien te conduzca, continuó.
Citando a Santa Teresita del Niño Jesús, invitó a meditar en todas las obras buenas que Dios ha hecho en nosotros. En todos los bienes recibidos de Dios, pues es Él quien nos hace generosos, desprendidos, sinceros, humildes. Simplemente aceptar todas las cosas buenas que Dios nos da y todo lo que permitimos que Él realice en nosotros. Algo importante es reconocer que somos pecadores, como lo hacemos al inicio de toda Eucaristía. Es Jesús quien nos hace dignos y nos enseña a tener una vida digna, concluyó.
Al final del encuentro, agradeció por el testimonio de vida de los adoradores, por la asamblea hermosa y bella, y por todo lo que hacen en sus comunidades y secciones. Después de rezar un Padre Nuestro y Ave María por las intenciones del Papa, impartió la Indulgencia Plenaria.